La Herejía de un Cristo Inmundo
- Jonathan Everhart

- 20 nov
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 21 nov
por Jonathan Everhart
Este es un breve artículo destinado a edificar a los lectores y abordar ciertos malentendidos con respecto a la supuesta "inmundicia" de Cristo. Espero aclarar y corregir una sutil pero persistente herejía que tergiversa la pureza y santidad de Jesús. Al examinar la Escritura y el contexto de la pureza ritual, se fortalece nuestra fe y comprensión.
¿Cómo puede Jesús ser divino y, a la vez, estar contaminado? En un artículo titulado “Los 10 pasajes más criticados en la Reina-Valera 1960 (y sus réplicas)”, que se puede encontrar en este enlace https://www.literaturabautista.com/los-10-pasajes-mas-criticados-en-la-reina-valera-1960-y-sus-replicas/, el autor, Calvin George, hace una afirmación despreocupada de que Jesús era inmundo e intenta defender una lectura deficiente en la Biblia Reina-Valera 1960, que dice en Lucas 2:22: “Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos [María y Jesús], conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor.”
La KJV lee correctamente: “los días de la purificación de ella.” Algunos llegan a grandes extremos, incluso afirmando que Cristo era impuro, para defender esta lectura defectuosa.
El autor afirma:
Vindicación: Se necesita entender desde el principio que el pasaje se refiere a una purificación ceremonial conforme a la ley requerido después de un parto; no para purificación después de haber pecado. Si la purificación de Lucas 2:22 tuviera que ver con la purificación del pecado, entonces uno estaría diciendo implícitamente que María tuvo que ser purificada de su pecado, como resultado de dar a luz a Jesús. A la luz de Salmo 51:5 (“… en pecado me concibió mi madre”) sería un punto de vista indebido.
Según Lev. 15:19, cuando una mujer era inmunda, “cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche”. Hasta tocar la cama de tal mujer constituía impureza (Lev. 15:21). De acuerdo con Lev. 12:2, cuando una mujer daba a luz, quedaba inmunda. Dado que la madre naturalmente tendría contacto físico con el recién nacido cada día, la criatura, por lógica, quedaría inmundo con ella hasta cumplirse el rito. La purificación ritual era una figura solamente de la purificación del pecado del corazón (Heb. 9:13-14, 23)
El autor está concluyendo “por lógica” que Cristo es inmundo. Examinemos esto lógicamente y, más importante aún, bíblicamente:
El autor declaró que “la purificación ritual era SOLAMENTE una figura de la purificación del corazón del pecado.” Sabemos que Jesús no necesitaba ninguna purificación del pecado, ni en cuanto al pecado mismo ni de forma figurada. Afirmar lo contrario mancha la imagen de Cristo, lo cual es inaceptable. Cristo nunca fue ceremonialmente impuro. Su figura nunca proyectó ni siquiera una sombra de inmundicia.
El autor está, “por lógica”, añadiendo a las Escrituras. Veamos Levítico 12. Allí solo se habla de la pureza de la madre. Ya fuera el niño varón o hembra, se dice acerca de la madre: “su purificación” y “su inmundicia.”
"Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Habla a los hijos de Israel, diciendo: La mujer cuando concibiere y diere a luz a varón, será inmunda siete días; conforme a los días que está separada por su menstruación será inmunda. Y al octavo día se circuncidará la carne del prepucio del niño. Mas ella permanecerá treinta y tres días en la purificación de su sangre: ninguna cosa santa tocará, ni vendrá al santuario, hasta que sean cumplidos los días de su purificación. Y si diere a luz una hija, será inmunda dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre.Y cuando los días de la purificación de ella sean cumplidos, por hijo o por hija, traerá un cordero de un año para holocausto, y un palomino o una tórtola para ofrenda por el pecado, a la puerta del tabernáculo de la congregación, al sacerdote: Y él ofrecerá delante de Jehová, y hará expiación por ella, y será limpia del flujo de su sangre. Esta es la ley de la que diere a luz hijo o hija. Y si no le es posible traer un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto, y otro para ofrenda por el pecado: y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia." Levítico 12:1–8
¡No podría ser más obvio! ¡La Escritura es muy clara! La ley de la purificación se aplicaba a la madre, no a Jesús. Incluso la Biblia española original de Reina en 1569 y de Valera en 1602 dicen “la purificación de María”. Tambien la Biblia española de 1909 dice “los días de la purificación de ella.”
No encontrará ningún caso en la Biblia donde Jesús haya realizado algún ritual de purificación para Sí mismo. Él obedeció perfectamente la ley y la cumplió, pero no hubo ningún requisito para que realizara ritual de purificación alguno porque permaneció sin mancha. Esta es una verdad gloriosa y una imagen que no debe ser mancillada.
Consideremos algunas demostraciones de esta gloria:
Jesús tocó a un leproso, lo cual lo habría hecho inmundo según la ley. Incluso el contacto accidental con lo inmundo causaba impureza. Sin embargo, cuando tocó al leproso, el leproso quedó limpio (Mateo 8:2–3):
Y he aquí, vino un leproso y le adoraba, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús extendiendo su mano le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante quedó limpio de su lepra.
Jesús tocó el cadáver de una joven, lo cual lo habría hecho ceremonialmente inmundo. Pero en Él vemos vitalidad, no violación, y contemplamos su gloria (Marcos 5:41–42):
Y tomando la mano de la muchacha, le dijo: Talita cumi; que es si lo interpretares: Muchacha, a ti te digo: Levántate. Y al instante la muchacha se levantó y anduvo; porque tenía doce años. Y estaban atónitos, muy asombrados.
Jesús fue tocado por la mujer con flujo de sangre, lo cual según la ley lo habría hecho inmundo. En lugar de contaminación, vemos pureza, pues de Él salió virtud (Marcos 5:25–34):
Y una mujer que padecía flujo de sangre por ya doce años, y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y no había mejorado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud y tocó su manto. Porque decía: Si tan sólo tocare su manto, seré sana. Y al instante la fuente de su sangre se secó, y sintió en su cuerpo que estaba sana de aquel azote. Y enseguida Jesús, sabiendo en sí mismo el poder que había salido de Él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mi manto? Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? Pero Él miraba alrededor para ver a la que había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de Él, y le dijo toda la verdad. Y Él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz, y queda sana de tu azote.
Él se manifestó para quitar nuestros pecados. Contemplad su gloria. El toque de Jesús transforma la inmundicia en plenitud, el pecado en justicia y la muerte en vida.





